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Miércoles, 24 de mayo de 2006

Pueblo Suizo

por Carlos Fleitas



De su estancia en Pueblo Suizo, el poeta uruguayo Carlos Fleitas se trajo un buen puñado de nuevas hojas en su cuaderno de haikus. En ellas, Carlos mezcla con gran habilidad prosa y verso para ofrecernos esta serie de cuatro haibun.



Pueblo Suizo, 6 de enero de 2006

Me encuentro a la orilla del mar. El agua fresca y vivificante moja mis pies y me acoge, me incluye en su trama. Soy un retoño del mar. Observo la rompiente. Las olas se curvan y al caer se visten de espuma blanca. Son de color verde esmeralda, sucediéndose unas a otras y llegando hasta mí gentilmente. Recuerdo un haiku de Santoka: “A los Occidentales les gusta conquistar las montañas/ A los Orientales contemplarlas/ En cuanto a mí, me gusta saborearlas” De eso se trata, de saborearlo todo...





¡Ah, qué delicia!
saborear en la playa
olas y espuma.



Pueblo Suizo, 8 de enero de 2006

Ha llovido todo el día. A pocas horas del atardecer el cielo comienza a mostrar claros y la tormenta comienza a disiparse. Nubes violáceas aún persisten ocultando parcialmente el sol. El verde de árboles, pasto, arbustos y matorrales se ha vivificado. Fresco y esplendente cobra vigor. En el camino de tierra y grava aquí y allá, se han formado charcos que a la manera de espejos reflejan el entorno.





Fin de la lluvia,
mojándose en los charcos
pinos y acacias.



Pueblo Suizo, 12 de enero de 2006

Este año el mes de enero ha traído tormenta tras tormenta. Cerca del mediodía el viento cambia bruscamente de dirección y empuja a gran velocidad nubes oscuras. Ráfagas potentes tuercen e inclinan los árboles que flexibles logran perdurar. Una lluvia que se asemeja en su vigor e intensidad a una cascada de agua que se descolgase del cielo, refresca otra vez la tierra.





Lluvia intensa,
el verde se vuelve
más verde.



Pueblo Suizo, 12 de enero de 2006

La luna a tres días de entrar en fase llena, ya muestra un esplendor pleno y misterioso. Cruzo un bosquecillo en el que sobre un suelo de arena crecen pinos, acacias, arbustos y matorrales. La oscuridad de la noche sólo es mitigada por la leve luz de la luna. El piso está cubierto de pinocha, ramas secas y piñas caídas de los pinos. Al avanzar y pisarlas, producen un sonido seco y crujiente que quiebra el silencio. En este momento quisiera que mis pisadas fuesen tan ligeras que no produjesen ruido alguno, para no alterar la quietud, el silencio y misterio que me rodean.


Cruzando el bosque
la luna y yo
caminamos juntos.


Dejando la luna
colgando en los pinos
me voy a dormir.


Por: Osvid | Haibun | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Me han encantado estos haiku vivenciales de nuestro amigo y gran haijin, Carlos Fleitas.
Su sensibilidad ante la naturaleza nos muestra la profundidad de sus observaciones.

Un cordial saludo...

Maramín

Maramín | 25-05-2006 12:26:42

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